Perfect Crown (21세기 대군부인)
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Dos personas que parecen tenerlo todo descubren que el verdadero privilegio no consiste en ocupar el lugar más alto, sino en poder elegir quién eres y cómo quieres vivir.
Introducción
Hay series que utilizan la realeza como una excusa para construir un cuento de hadas moderno. Palacios enormes, vestidos espectaculares, príncipes atractivos, familias poderosas y romances aparentemente imposibles. Y tengo que reconocer que, cuando empecé Perfect Crown, esperaba encontrarme precisamente con algo parecido.
Y, en cierta manera, todo eso está ahí.
Hay lujo, poder, grandes conglomerados empresariales, intrigas políticas, ceremonias, escándalos, secretos, traiciones y una historia de amor que comienza con uno de los recursos que más veces hemos visto en los dramas coreanos: un matrimonio por contrato.
Pero Perfect Crown es bastante más interesante cuando decides mirar más allá de todo eso.
Porque detrás de los palacios, de los títulos y de las apariencias, la serie plantea una contradicción que me parece fascinante: ¿qué ocurre cuando dos personas que aparentemente lo tienen todo descubren que, en realidad, ninguna de las dos es completamente libre?
Seong Hui-ju tiene dinero, poder, inteligencia y una posición privilegiada dentro de uno de los conglomerados empresariales más importantes del país. Podría comprar prácticamente cualquier cosa que quisiera. Y, sin embargo, hay algo que todo su dinero no puede conseguir: borrar el estigma de haber nacido fuera del matrimonio.
El Gran Príncipe I-an se encuentra exactamente en el extremo contrario. Tiene aquello que Hui-ju nunca podrá comprar: un apellido, un título y la legitimidad que concede pertenecer a la familia real. Pero precisamente todo aquello que aparentemente lo convierte en una de las personas más privilegiadas del país es también lo que le impide ser dueño de su propia vida.
Ella lo tiene todo excepto el rango. Él tiene el rango, pero prácticamente nada le pertenece de verdad.
Y creo que ahí está la idea que consigue que Perfect Crown sea mucho más que otra historia romántica ambientada entre palacios.
La serie imagina una Corea del Sur contemporánea en la que todavía existe una monarquía constitucional. Una sociedad donde los rascacielos, los conglomerados empresariales, las redes sociales y los medios de comunicación conviven con títulos nobiliarios, ceremonias, protocolos y familias que continúan creyendo que un apellido determina el valor de una persona.
Puede parecer una fantasía lejana, pero cuanto más avanzaba en la historia, más pensaba que quizá no lo era tanto.
Porque puede que nosotros no vivamos rodeados de príncipes y reinas, pero seguimos habitando una sociedad que constantemente intenta decidir cuánto valemos dependiendo de dónde nacemos, cuánto dinero tenemos, qué trabajo hacemos, a qué familia pertenecemos o qué esperan los demás de nosotros.
Y quizás por eso conecté tanto con la historia de Hui-ju e I-an.
Porque detrás de la corona, del matrimonio por contrato y de las intrigas políticas, Perfect Crown habla de algo mucho más sencillo y, al mismo tiempo, mucho más complicado: el derecho a pertenecer a nuestra propia vida.
Y eso fue, probablemente, lo que más me gustó de la serie.
No voy a decir que Perfect Crown sea perfecta. Algunas de sus intrigas políticas podrían haberse desarrollado con mayor profundidad, ciertos acontecimientos resultan previsibles y hay momentos en los que el enorme potencial del mundo que construye parece quedarse ligeramente por debajo de lo que podría haber sido.
Pero también tengo claro que terminé disfrutándola muchísimo.
Por sus protagonistas. Por la química entre IU y Byeon Woo-seok. Por sus personajes secundarios. Por su espectacular ambientación. Por una banda sonora que consigue acompañar perfectamente la evolución de la historia. Y, especialmente, por las preguntas que deja escondidas detrás de su romance.
Porque, al final, Perfect Crown comienza preguntándonos quién merece llevar una corona.
Y termina obligándonos a preguntarnos algo mucho más importante:
¿de qué sirve tenerlo todo si nunca has podido elegir tu propia vida?
Sinopsis
Perfect Crown nos transporta a una Corea del Sur alternativa del siglo XXI en la que la monarquía constitucional continúa formando parte de la sociedad. En este mundo conocemos a Seong Hui-ju, una mujer brillante, ambiciosa y poderosa que, a pesar de tener dinero, influencia y éxito, sigue siendo menospreciada por haber nacido fuera del matrimonio.
Cansada de aceptar las reglas de una sociedad que nunca ha querido reconocer completamente su valor, Hui-ju decide cambiar su destino y pone sus ojos en el Gran Príncipe I-an. Él posee aquello que ella nunca podrá comprar: un título y la legitimidad de pertenecer a la familia real. Sin embargo, detrás de sus privilegios se esconde un hombre atrapado por el protocolo, las obligaciones y una institución que nunca le ha permitido decidir libremente sobre su propia vida.
Cuando Hui-ju le propone un matrimonio por contrato, lo que comienza como una alianza estratégica entre dos personas que necesitan algo del otro empieza a transformarse en una relación mucho más compleja. Porque, a pesar de proceder de mundos aparentemente opuestos, ambos comparten una realidad parecida: llevan toda la vida intentando encontrar su lugar dentro de sistemas que ya habían decidido quiénes debían ser.
Entre intrigas políticas, luchas de poder, diferencias sociales y sentimientos cada vez más difíciles de controlar, Perfect Crown construye una historia sobre el amor, la identidad y la libertad. Porque cuando uno de los protagonistas pertenece a la familia real, incluso enamorarse puede convertirse en un asunto de Estado.
Personajes principales
Seong Hui-ju — IU (Lee Ji-eun)
Hay personajes que entran en una historia esperando que el mundo los cambie.
Seong Hui-ju entra esperando cambiar el mundo.
Y creo que esa diferencia define perfectamente al personaje.
Desde el primer momento, Hui-ju se presenta como una mujer que sabe perfectamente cuál es su valor. Es inteligente, ambiciosa, segura de sí misma y extraordinariamente competente. No necesita que nadie la rescate ni espera pacientemente que las circunstancias mejoren.
Cuando encuentra un obstáculo, busca la manera de atravesarlo.
Cuando alguien intenta colocarla por debajo, demuestra que puede llegar todavía más alto.
Y cuando comprende que existe una estructura social que jamás estará dispuesta a aceptarla completamente, decide enfrentarse directamente a ella.
Pero sería un error reducir a Hui-ju únicamente a una mujer fuerte.
Porque detrás de toda esa seguridad existe una herida mucho más profunda.
Hui-ju ha crecido sabiendo que, para determinadas personas, todos sus logros siempre serán insuficientes. Puede ser brillante, poderosa y exitosa, pero su nacimiento continúa funcionando como una marca que otros utilizan para decidir cuál debería ser su lugar.
Y creo que ahí está una de las cosas que más me gustan del personaje.
Hui-ju no quiere convertirse en princesa porque sueñe con vivir en un palacio. Quiere demostrar que nadie tiene derecho a decidir cuánto vale una persona por el lugar del que procede.
Su propuesta de matrimonio a I-an puede parecer inicialmente una jugada empresarial. Una negociación más dentro de una vida construida alrededor de estrategias y decisiones calculadas.
Pero poco a poco esa seguridad comienza a resquebrajarse.
Porque Hui-ju sabe negociar con empresarios.
Sabe enfrentarse a familias poderosas.
Sabe ganar batallas.
Lo que no sabe hacer tan fácilmente es enfrentarse a la posibilidad de necesitar emocionalmente a otra persona.
Y ahí es donde IU vuelve a demostrar por qué es una de las actrices que más me gustan.
Hui-ju podría haberse convertido fácilmente en un personaje excesivamente frío o arrogante. Sin embargo, IU consigue encontrar constantemente las pequeñas grietas detrás de esa armadura.
Una mirada.
Un silencio.
Un momento de vulnerabilidad que desaparece casi inmediatamente.
IU nunca necesita debilitar a Hui-ju para mostrarnos sus heridas.
Y creo que eso es fundamental.
Porque ser fuerte no significa no tener miedo. Significa seguir avanzando incluso cuando sabes perfectamente todo lo que puedes perder.
Gran Príncipe I-an — Byeon Woo-seok
Si Hui-ju es movimiento, I-an es contención.
Si ella entra en una habitación dispuesta a cambiar las reglas, él ha pasado toda su vida aprendiendo a sobrevivir dentro de ellas.
Y precisamente por eso funcionan tan bien juntos.
I-an pertenece a una familia que representa el máximo privilegio posible. Tiene un título, un apellido y una posición que millones de personas podrían envidiar.
Pero detrás de todo ese poder existe un hombre que prácticamente nunca ha podido decidir nada.
Desde pequeño aprendió que mostrar demasiado podía resultar peligroso.
Demasiada ambición.
Demasiadas emociones.
Demasiados deseos.
Cualquier cosa podía convertirse en una amenaza dentro de una familia donde incluso el afecto está condicionado por el poder.
Por eso I-an aprendió a desaparecer sin marcharse.
A estar presente sin ocupar demasiado espacio.
A cumplir con su papel.
A sobrevivir.
Byeon Woo-seok construye al personaje desde esa contención. Gran parte de lo que siente I-an no aparece en grandes discursos, sino en pequeños gestos, silencios y miradas.
Y precisamente por eso resulta tan interesante observar lo que ocurre cuando Hui-ju entra en su vida.
Porque ella es todo aquello que él nunca se ha permitido ser.
Directa.
Ambiciosa.
Desafiante.
Libre, al menos aparentemente.
Hui-ju no entra en el palacio intentando adaptarse al mundo de I-an.
Entra preguntándose por qué ese mundo debería continuar funcionando de esa manera.
Y poco a poco obliga a I-an a hacerse una pregunta que probablemente llevaba toda la vida evitando:
¿qué quiero yo?
No qué necesita la Corona.
No qué espera su familia.
No qué debería hacer un príncipe.
Él.
Y ahí está su verdadera evolución.
I-an no necesita aprender a convertirse en alguien poderoso.
Necesita aprender que tiene derecho a ser una persona.
Seong Hui-ju e I-an: dos formas diferentes de no ser libres
Para mí, la mejor decisión de Perfect Crown es construir a sus protagonistas como dos reflejos aparentemente opuestos.
Hui-ju tiene dinero, pero no legitimidad.
I-an tiene legitimidad, pero no libertad.
Ella ha pasado toda su vida intentando entrar.
Él ha pasado toda su vida deseando escapar.
Y cuando se encuentran descubren algo que ninguno de los dos esperaba: la otra persona comprende perfectamente lo que significa vivir dentro de una estructura que ha decidido quién debes ser.
Por eso su relación funciona.
No únicamente por la química romántica.
No únicamente porque IU y Byeon Woo-seok sean dos protagonistas tremendamente carismáticos.
Funciona porque existe reconocimiento.
Antes incluso del amor, existe comprensión.
Y creo que algunas de las relaciones más importantes de nuestra vida comienzan precisamente así.
Cuando alguien consigue ver una parte de nosotros que llevábamos demasiado tiempo intentando explicar.
Min Jeong-u — Noh Sang-hyun
Min Jeong-u es uno de los personajes más interesantes de la serie precisamente porque habría sido muy fácil convertirlo simplemente en un obstáculo para los protagonistas.
Pero Perfect Crown intenta construir algo más complejo.
Jeong-u pertenece al mundo político, conoce perfectamente sus mecanismos y mantiene una profunda relación con I-an. Existe amistad, historia compartida y una confianza construida durante años.
Pero también existen ambiciones.
Y miedo.
Y poder.
Su evolución demuestra algo que la serie repite constantemente: las instituciones no solamente están formadas por personas malvadas. A veces están sostenidas por personas convencidas de que saben qué es lo mejor para los demás.
Jeong-u conoce el sistema.
Cree entenderlo.
Cree poder utilizarlo.
Y precisamente por eso su recorrido resulta tan interesante.
Porque poco a poco la distancia entre proteger una estructura y convertirse en parte del problema comienza a desaparecer.
Yoon I-rang — Gong Seung-yeon
Probablemente uno de los personajes que más fácilmente podría haber terminado convertido en una antagonista tradicional.
Y me alegra muchísimo que no sea así.
Yoon I-rang representa otra consecuencia del mismo sistema contra el que luchan Hui-ju e I-an.
Fue educada para representar la perfección.
Para proteger la institución.
Para cumplir con las expectativas.
Para convertirse exactamente en aquello que los demás necesitaban.
Y, de alguna manera, también es una prisionera.
Eso no justifica todas sus decisiones.
Pero sí permite entenderlas.
Y creo que esa diferencia es fundamental.
La serie contrapone especialmente bien a Hui-ju e I-rang porque ambas son mujeres extraordinariamente poderosas, pero han aprendido a sobrevivir de formas completamente diferentes.
Hui-ju desafía las reglas.
I-rang se convierte en su máxima defensora.
Pero ambas han sufrido las consecuencias de vivir dentro de estructuras donde una mujer poderosa siempre parece tener que demostrar algo más que un hombre.
Gong Seung-yeon consigue aportar al personaje una enorme complejidad y evita que la percibamos únicamente como una enemiga.
Porque algunas personas intentan destruir el sistema que las hirió. Y otras terminan protegiéndolo porque admitir que estaba equivocado significaría cuestionar toda su vida.
Los personajes secundarios
Una de las cosas que agradezco de Perfect Crown es que muchos de sus personajes secundarios tienen una función clara dentro de la historia.
Choi Hyeon representa la lealtad hacia I-an, pero también ese pequeño espacio de humanidad que todavía existe alrededor del príncipe.
Do Hye-jeong, secretaria y persona de confianza de Hui-ju, permite mostrar una relación profesional entre mujeres basada en el respeto, la competencia y el afecto, sin necesidad de recurrir a rivalidades artificiales.
Seong Tae-ju y Han Da-yeong amplían el conflicto entre familia, herencia, legitimidad y amor, mientras que Seong Hyeon-guk representa perfectamente ese tipo de poder patriarcal capaz de reconocer el talento de una mujer siempre que ese talento no amenace el orden establecido.
Y creo que eso es importante.
Porque Perfect Crown no habla únicamente de dos personas enfrentándose al mundo.
Habla de un sistema completo.
Familias.
Empresas.
Gobiernos.
Medios de comunicación.
Tradiciones.
Personas que protegen las reglas.
Personas que intentan cambiarlas.
Y personas que simplemente intentan sobrevivir dentro de ellas.
Estilo visual y sonoro
Visualmente, Perfect Crown es una serie espectacular.
Pero lo que más me gusta es que su belleza no existe únicamente para impresionarnos.
Existe para contar algo.
La serie construye constantemente un contraste entre tradición y modernidad. Los palacios conviven con rascacielos, conglomerados empresariales, cámaras, redes sociales y una prensa capaz de convertir cualquier acontecimiento privado en un espectáculo nacional.
Y precisamente esa combinación consigue que el universo de la serie resulte creíble.
No parece una fantasía completamente alejada de nuestra realidad.
Parece una Corea que podría existir en algún universo paralelo.
Las localizaciones históricas, los espacios palaciegos y las residencias tradicionales conviven con edificios modernos y entornos empresariales, reforzando constantemente esa sensación de vivir entre dos mundos.
También me parece especialmente interesante el uso del vestuario.
Hui-ju utiliza la ropa como una extensión de su personalidad.
Nunca intenta desaparecer.
Sus estilismos transmiten poder, seguridad y una enorme conciencia de la imagen pública.
I-an, en cambio, aparece muchas veces rodeado de una elegancia mucho más contenida.
Todo en él parece controlado.
Medido.
Correcto.
Incluso su forma de vestir refleja esa vida donde cualquier exceso podría interpretarse como una amenaza.
Y entre ambos encontramos un mundo dominado por colores oscuros, dorados, maderas, interiores elegantes y espacios enormes que, paradójicamente, consiguen transmitir una profunda sensación de soledad.
Porque ese es otro de los grandes aciertos visuales de Perfect Crown.
Nunca había tanta gente alrededor de sus protagonistas y, al mismo tiempo, pocas veces podían sentirse completamente acompañados.
El sonido y la música terminan de construir esa atmósfera.
Las ceremonias tienen solemnidad.
Los momentos políticos transmiten tensión.
Y los silencios entre Hui-ju e I-an tienen el espacio suficiente para que podamos entender todo aquello que todavía no saben decirse.
Banda sonora
Hay bandas sonoras que acompañan una serie.
Y hay bandas sonoras que ayudan a contarla.
La de Perfect Crown pertenece claramente al segundo grupo.
A lo largo de sus once partes, la OST construye prácticamente otro recorrido emocional paralelo al de los protagonistas. Comienza con canciones relacionadas con el movimiento, la determinación y el desafío, y poco a poco avanza hacia temas mucho más íntimos, melancólicos y vulnerables.
My Pace — BIBI encaja perfectamente con Seong Hui-ju.
Tiene fuerza, personalidad y esa sensación de avanzar sin esperar el permiso de nadie. Hui-ju lleva toda su vida escuchando cuáles son los límites que debería aceptar y, precisamente por eso, una canción que habla de encontrar y mantener el propio ritmo parece hecha para ella.
Go On — KiiiKiii continúa ese impulso inicial. Hay algo en la primera parte de la historia que transmite movimiento constante, como si Hui-ju hubiera decidido poner en marcha una maquinaria que ya nadie puede detener.
No Doubt — BOYNEXTDOOR comienza a acercarnos hacia otro territorio. Porque una vez establecido el contrato, aparecen las dudas, la cercanía y la posibilidad de que aquello que comenzó como una estrategia esté convirtiéndose en algo mucho más difícil de controlar.
Behind The Shine — RIIZE es probablemente uno de los títulos que mejor resume la serie. Detrás del brillo. Detrás de los palacios. Detrás de los vestidos, las cámaras y los títulos. Ahí es precisamente donde Perfect Crown encuentra su verdadera historia.
Our Goodbye — Hanroro introduce una melancolía diferente. Porque amar dentro de un mundo como este significa saber que cualquier acercamiento puede convertirse en una despedida.
EVERGLOW — WOODZ acompaña esa parte de la historia donde la relación comienza a adquirir una dimensión mucho más emocional.
My Favorite Part — So Soo-bin recoge uno de los lados más luminosos del romance. Esos pequeños momentos donde Hui-ju e I-an consiguen olvidarse durante unos instantes de quiénes se supone que deben ser.
You Keep Me Here — hrtz.wav entra en un territorio mucho más vulnerable. Porque llega un momento donde la pregunta ya no es por qué comenzaron esa relación, sino qué significa que la otra persona se haya convertido en una razón para permanecer.
If You Were My World — Sam Kim es una de las canciones que más conecta con la soledad emocional de I-an. Un hombre rodeado de personas, responsabilidades y privilegios que, sin embargo, nunca ha sentido que el mundo le perteneciera realmente.
In Your Orbit — Im Joong-won introduce una pregunta dolorosa: qué ocurre cuando has aprendido a amar de una forma condicionada por el miedo, el poder o las expectativas.
Y finalmente encontramos Fate Line — Byeon Woo-seok.
Creo que no podía existir una canción más apropiada para cerrar este recorrido.
Dos líneas paralelas.
Dos personas procedentes de mundos diferentes.
Dos vidas que aparentemente nunca deberían haberse encontrado.
Y, sin embargo, ahí están.
Quizá eso es lo que más me gusta de la banda sonora de Perfect Crown.
No intenta decirnos únicamente que Hui-ju e I-an se enamoran.
Nos muestra todo el camino necesario para que dos personas que llevan toda la vida interpretando un papel consigan, poco a poco, empezar a mostrarse como realmente son.
Temas centrales
El privilegio también puede ser una prisión
Probablemente el tema más interesante de toda la serie.
Estamos acostumbrados a pensar el privilegio de una manera sencilla.
Quien tiene dinero es privilegiado.
Quien tiene poder es privilegiado.
Quien pertenece a una familia importante es privilegiado.
Pero Perfect Crown demuestra que la realidad puede ser bastante más compleja.
Hui-ju es extraordinariamente rica y poderosa.
Y aun así es humillada por su origen.
I-an pertenece a la familia real.
Y aun así no puede decidir prácticamente nada sobre su vida.
Eso no significa negar sus privilegios.
Significa entender que tener poder en una parte de tu vida no impide estar completamente atrapado en otra.
Mérito frente a apellido
Hui-ju ha trabajado.
Ha triunfado.
Ha demostrado su capacidad.
Y nada parece suficiente.
Porque existe algo que no puede cambiar.
Su nacimiento.
Y la serie utiliza su historia para preguntarnos cuánto hemos avanzado realmente como sociedad cuando todavía existen estructuras donde importa más de dónde vienes que quién eres.
Puede que no vivamos dentro del universo de Perfect Crown.
Pero la pregunta continúa siendo perfectamente reconocible.
¿Cuántas veces seguimos juzgando a una persona por su familia, su clase social, su trabajo o su pasado antes de permitirle demostrar quién es?
Amor y poder
En esta serie, amar nunca es sencillo.
Porque cada relación está atravesada por el poder.
Quién tiene más.
Quién necesita al otro.
Quién puede marcharse.
Quién debe quedarse.
Quién decide.
El matrimonio por contrato entre Hui-ju e I-an comienza precisamente como una negociación.
Pero su evolución resulta interesante porque poco a poco deben abandonar esa lógica.
Para amarse realmente necesitan dejar de ser una empresaria y un príncipe.
Necesitan convertirse simplemente en dos personas.
Y quizás eso sea mucho más difícil de lo que parece.
Las mujeres dentro de estructuras construidas por hombres
Hui-ju e I-rang representan dos formas completamente diferentes de enfrentarse a un mismo problema.
Ambas son inteligentes.
Ambas son poderosas.
Ambas han tenido que demostrar constantemente su valor.
Pero una decide enfrentarse al sistema y la otra protegerlo.
Y creo que esa oposición es una de las ideas más interesantes de la serie.
Porque demuestra que no todas las personas reaccionan de la misma manera ante las heridas.
Algunas intentan cambiar aquello que las dañó.
Otras terminan creyendo que sobrevivir significa convertirse en parte de ello.
La imagen pública
En Perfect Crown no basta con ser.
También hay que parecer.
La prensa.
Las fotografías.
Los rumores.
Las filtraciones.
Los índices de popularidad.
Los comunicados oficiales.
Todo convierte la vida privada de los protagonistas en un espectáculo.
Y creo que es uno de los elementos que mejor conectan la fantasía monárquica de la serie con nuestro presente.
Porque vivimos en una sociedad donde constantemente construimos una versión pública de nosotros mismos.
Y quizá la diferencia entre nosotros y Hui-ju e I-an no sea tan grande.
Todos tenemos espacios donde interpretamos un papel.
La pregunta es cuánto tiempo podemos hacerlo antes de olvidar quiénes somos cuando nadie está mirando.
La libertad
Al final, prácticamente todos los temas de Perfect Crown conducen hacia el mismo lugar.
La libertad.
Hui-ju quiere liberarse del lugar que otros han decidido para ella.
I-an quiere descubrir quién es fuera de la institución.
I-rang intenta proteger el sistema que ha definido toda su existencia.
Jeong-u quiere controlar las estructuras del poder.
Todos luchan por diferentes formas de libertad.
Y precisamente por eso la serie termina planteando una idea que me parece fundamental:
no siempre podemos ser verdaderamente libres dentro de las estructuras que nos han enseñado quién deberíamos ser.
A veces no basta con encontrar nuestro lugar.
A veces hay que preguntarse si realmente queremos continuar formando parte de ese mundo.
Lo que enseña la serie
Creo que la gran enseñanza de Perfect Crown no es que el amor pueda vencerlo todo.
Y me alegra que no sea así.
Porque sería demasiado sencillo.
La serie habla de algo mucho más interesante: el amor no debería convertirse en otra prisión.
Hui-ju e I-an comienzan su relación intentando utilizarse mutuamente.
Cada uno necesita algo.
Ella quiere atravesar una barrera social.
Él necesita encontrar una salida dentro de un mundo que lo asfixia.
Pero cuanto más avanza la historia, más evidente resulta que el verdadero cambio no consiste en conseguir aquello que buscaban inicialmente.
Consiste en descubrir qué quieren realmente.
Y creo que esto puede aplicarse a muchas partes de nuestra vida.
Pasamos años persiguiendo objetivos.
Un trabajo.
Una relación.
Dinero.
Reconocimiento.
Un determinado tipo de vida.
Porque creemos que cuando lleguemos allí finalmente seremos felices.
Pero ¿qué ocurre cuando lo conseguimos y descubrimos que continuamos sin sentirnos libres?
Quizá crecer también consista en aceptar que podemos cambiar de opinión.
Que podemos abandonar sueños que ya no nos pertenecen.
Que renunciar no siempre significa fracasar.
Y que, a veces, la decisión más valiente no es continuar luchando por ocupar un lugar.
Es reconocer que nunca quisiste estar allí.
También me quedo con otra idea.
Nadie debería necesitar convertirse en otra persona para merecer amor.
Hui-ju no necesita ser más aceptable.
I-an no necesita ser más poderoso.
Los dos necesitan encontrar un espacio donde puedan dejar de representar aquello que los demás esperan de ellos.
Y quizás eso sea una de las formas más bonitas de querer a alguien.
Encontrar una persona delante de la que no necesitas interpretar ningún papel.
Reflexión final
Perfect Crown no es una serie perfecta.
Y creo que decirlo también es importante.
Su mundo político podría haber sido todavía más complejo. Algunas intrigas resultan previsibles y, en determinados momentos, tuve la sensación de que la serie tenía entre manos ideas mucho más grandes de las que finalmente se atrevía a desarrollar.
Pero también creo que sus virtudes son muchísimo más importantes que sus defectos.
He disfrutado mucho de sus protagonistas.
De IU construyendo una mujer fuerte, ambiciosa y tremendamente carismática sin esconder nunca las heridas que existen detrás de esa seguridad.
De Byeon Woo-seok interpretando desde la contención a un hombre que ha pasado toda su vida aprendiendo a desaparecer dentro de su propio privilegio.
De la complejidad de Yoon I-rang.
De las contradicciones de Min Jeong-u.
De unos personajes secundarios que ayudan a construir un mundo donde cada relación parece atravesada por el poder, la familia, la clase social o las expectativas.
He disfrutado de su ambientación.
De sus palacios.
De sus espacios modernos.
Del vestuario.
De esa sensación constante de encontrarnos ante una Corea que no existe y que, sin embargo, parece extrañamente posible.
Y he disfrutado muchísimo de su banda sonora.
Pero, especialmente, me quedo con Hui-ju e I-an.
Con dos personas que aparentemente tienen todo aquello que muchos desearían.
Dinero.
Poder.
Belleza.
Influencia.
Un apellido.
Una corona.
Y que, sin embargo, descubren que nada de eso sirve demasiado cuando nunca has podido decidir quién quieres ser.
Creo que todos, en mayor o menor medida, hemos sentido alguna vez algo parecido.
Quizá no tengamos una familia real decidiendo nuestro futuro.
Ni un conglomerado empresarial esperando que cumplamos determinadas expectativas.
Pero todos hemos sentido alguna vez el peso de aquello que los demás esperaban de nosotros.
Quién deberíamos ser.
Cómo deberíamos vivir.
Qué trabajo deberíamos tener.
A quién deberíamos querer.
Cuándo deberíamos superar algo.
Cuándo deberíamos avanzar.
Y puede que una de las cosas más difíciles que hacemos en la vida sea precisamente aprender a distinguir entre aquello que realmente queremos y aquello que llevamos tantos años escuchando que hemos terminado creyendo que queremos.
Por eso creo que Perfect Crown funciona mejor cuando deja de ser una historia sobre una heredera y un príncipe.
Cuando deja de hablar de palacios.
Cuando deja de hablar de títulos.
Cuando deja de hablar de coronas.
Y comienza a hablar de nosotros.
De todas las veces que hemos intentado encajar en lugares donde nunca podíamos ser completamente nosotros mismos.
De todas las veces que hemos confundido éxito con felicidad.
De todas las veces que hemos seguido avanzando por un camino simplemente porque ya habíamos recorrido demasiado como para atrevernos a cambiar de dirección.
Quizá la verdadera libertad no consista en conseguir todo aquello que alguna vez deseamos.
Quizá consista en poder detenernos, mirar nuestra propia vida y preguntarnos si todavía queremos lo mismo.
Y tener el valor suficiente para cambiar la respuesta.
Porque, al final, la corona verdaderamente perfecta no es la que más brilla, ni la que concede el apellido más importante, ni la que permite ocupar el lugar más alto.
Es poder pertenecerte.
Poder elegir quién eres.
Poder decidir cómo quieres vivir.
Y, si tienes suerte, encontrar a alguien que no te pida que renuncies a tu libertad para quedarse a tu lado.
Porque después de acompañar a Hui-ju e I-an durante doce episodios, hay una pregunta que inevitablemente se queda conmigo:
¿de qué sirve llegar hasta el lugar más alto del mundo si, para conseguirlo, tienes que dejar de pertenecerte a ti mismo?

















































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